EL BIOSHOCK
O IMPACTO EMOCIONAL

“El síntoma se considera en sí como un aprendizaje. Se fija a partir de una respuesta fisiológica o de una toma de posición psicológica oportuna y pertinente, delante de una situación de agresión o un golpe emocional, para reproducirse después, en ausencia y a distancia del estímulo original exactamente como lo hace un tic doloroso. El síntoma fue pues al principio una respuesta útil…” Dr. J.A. Malarewicz. 

1-El GOLPE O BIOSHOCK Lo que aquí llamamos el golpe es la piedra angular que nos permite comprender la puesta en marcha de la enfermedad. En ciertas circunstancias que vamos a concretar, el conflicto, de origen exterior (ejemplo: me roban mi coche, me insultan en seguida después) se vuelve un conflicto interior. Es la sideración o auto hipnosis (cf. el texto del Dr. Malarewicz citado arriba); incluso cuando el problema ha sido resuelto, el coche encontrado, por pesadillas o por pensamientos obsesivos, la vivencia resurge conscientemente o inconscientemente de modo claro, realista, u oculta, simbólica, metafórica.

Es una noción que, en el cumplimiento terapéutico, conviene tener siempre bien presente. Nuestras vidas cotidianas están salpicadas de conflictos, más o menos importantes, más o menos dramáticos. Este salpicado se compara al salpicado de las estrellas en un cielo nocturno, y formando constelaciones. Es bien evidente que cualquier golpe, cualquier conflicto, no conlleva al desarrollo de una enfermedad. Para que haya paso a la enfermedad, el golpe debe cumplir ciertas condiciones, responder a los cuatro criterios principales:

Aspecto dramático: Es un torbellino que coge al ser, lo pone en estrés. El conflicto le trabaja interiormente, a veces inconscientemente, pero sin cesar. Explota antes de que se piense. No es psíquico: es al ver como sus leoninos caen en el precipicio cuando el corazón de la leona se embala. Ya en este instante, ya no se está en paz consigo mismo. Hay conflicto entre lo interior y lo exterior, entre nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras necesidades y lo que es real o posible.

Aspecto inesperado: El golpe no es algo que se ve venir. Es una sorpresa desagradable a la cual no se está preparado. Se recibe como un relámpago que nos alcanza. Es subjetivo e incontrolable. Puede ser una mera palabra que resuena en nosotros como un trueno que explota en un cielo azul. Se activa en un instante: uno no cae enfermo lentamente, hay un antes y un después. Se puede esperar coger la jubilación, pero el día en que llega, uno se encuentra en casa, solo, mientras que los colegas siguen yendo a trabajar… La cosa que uno no se esperaba, es que la propia vida no tenga valor o ningún sentido. Se estaba esperando esta situación, pero no el vivirla de este modo.

En el aislamiento: Un silencio emocional envuelve el conflicto. Por una razón u otra, lo experimentado ligado al golpe, es vivido en el aislamiento. A veces los demás conocen la situación pero no saben como la vivimos realmente. Saben que nos han despedido de nuestro trabajo, que nuestro marido o nuestra mujer pide el divorcio, que robaron nuestro coche… Conocen el acontecimiento, ven la cosa, pero no saben como lo experimentamos. No nos han entendido, comprendido, no se han unido a nosotros. Lo experimentado, y no el acontecimiento en sí, es lo vivido en el aislamiento.

En terapia, mientras se habla del acontecimiento sin hablar de lo experimentado, no hay curación. Una cuestión muy importante a nivel terapéutico es saber porqué este golpe es vivido en el aislamiento. ¿Por qué no se pudo hablar? Por ejemplo, hay temperamentos que no expresan sus problemas por educación, porque quieren salirse solos del problema, para no molestar a los demás, o porque tienen la creencia que no se deben expresar los problemas al exterior… Son creencias que pueden ser muy obstaculizantes y que aíslan a la persona.

Es una ley fundamental: lo que no se expresa, se expresa.

En su obra Cuando el espíritu dialoga con el cuerpo, título ya evocador, Daniel Goleman conversa con el Dalaï – Lama. Insiste en la importancia del aislamiento como factor agravante de los porcentajes de morbidez y mortalidad. La importancia de la palabra es considerable. Somos el conjunto de nuestras palabras, y toda la enfermedad es una palabra, no dicha por la boca, pero si por el cuerpo. La palabra que es algo virtual, tiene un poder real. Es una válvula accesible en cualquier momento, una medicina fácil y disponible que sin embargo empleamos poco a causa de nuestras creencias o de nuestra educación.

La palabra, el hecho de verbalizar, siempre es apaciguador. El hecho de expresar bajo forma de palabras, gestos, actos simbólicos, permite soltar una tensión, una presión. A veces es suficiente porque el ser humano es un ser de comunicación. Como dice Françoise Dolto, “todo es lenguaje”.

Sin solución satisfactoria y duradera.

Incluso si el conflicto no es dramático o tiene poca importancia, debe resolverse. Este drama, inesperado, pone al individuo en un estado de inestabilidad. La naturaleza busca una solución de equilibrio en todo instante.

El estado de salud precisamente no es un estado sino un dinamismo, un movimiento de adaptación permanente a lo real. Tenemos necesidades fundamentales que son estables, que no cambian y hay una realidad exterior que cambia en permanencia. Si por lo tanto no se halla solución consciente y voluntaria, es la biología la que se encarga de hallar una solución, inconsciente e involuntaria. 

En su obra Psico-biología de la curación, Ernest Rossi reflexiona sobre los factores que intervienen en el hecho que un suceso esté mal vivido, experimentado de modo dramático. 

Para una persona, hallarse sin trabajo forma parte inevitable de su existencia, cuando para otro será un drama que, en sentido propio se convierte en una enfermedad. 

Pueden entrar en juego varios factores que nos permiten comprender estas diferencias de reacciones frente a un mismo suceso. 

Antes de que tenga lugar el golpe, ciertas personas tienen, fundamentalmente, una incapacidad adquirida para reaccionar, incluso si esto es experimentado como: 

– Una prohibición

– Un miedo.

– Un juicio.

Existe en ellas: 

– Una imposibilidad a cualquier adaptación compleja. 

– Una inhibición de la reacción. 

– En el fondo una forma de renuncia, o de capitulación. 

También hay que mencionar las dobles obligaciones, estas comunicaciones paradójicas que pueden invadir a un niño e incluso al bebé durante la fase pre-verbal. El niño está en una confusión de interpretar, porque ante cualquier cosa que haga, siente que se ha equivocado. Esto crea disociaciones e inhibiciones de la acción. 

Por fin, los viejos problemas no acabados, no resueltos, callados, pueden despertarse mediante la hormona del estrés, el cortisol. A este nivel, la contribución de Rossi es muy innovadora.

btt